Mis dos primeros discos de música (Mozart)

Normalmente en mi página web no suelo escribir reflexiones personales que se salgan de mi cine o de los proyectos audiovisuales que quiero destacar. Sin embargo, este es uno de esos temas que me encanta contar una y otra vez, como cuando escribí (hace poco) lo del libro especial conmemorativo de Tintín.

¿Cuales fueron los dos primeros CDs que compró Fran Kapilla en su infancia-adolescencia? Voy a contar sobre esos dos primeros discos de música que compré, cuando tenía 14 años. Discos que fueron importantes para mi, porque de alguna manera, ya dejaban entrever mis gustos y aprendizaje cultural.

Mis dos primeros discos, aquí siguen acompañándome.
EL FORMATO FÍSICO
(Voy a hacer un poco de defensa)

¿Recuerdas cual fue el primer disco de música que compraste? ¿cual fue tu primer CD o vinilo o cinta? Para los más jóvenes, esta experiencia ya es inexistente porque todo lo encuentran en internet, en plataformas de música, de cine, etc. Me da un poco de pena por ellos (y un poco por todos los que acabamos consumiendo streaming). Consumir material online es fácil, es rápido, parece que es infinito y que no ocupa sitio. Sin embargo el formato físico tiene «algo» con lo que no puede competir un objetivo virtual en la nube. Ocupa sitio, sí, se estropea, vale, es limitado y es repetitivo, sin embargo, como seres físicos que somos, el contacto con objetos que tocar, levantar y mirar sin dispositivos, es algo que lo queramos o no, nos atrae mucho. De hecho, hay talleres educativos en los que se intenta trabajar con soportes físicos para un mejor entendimiento de las tecnologías.

Los masters de Deutsche Grammophon y Polydor, hacen de estos discos algo grande.
UN POCO DE HISTORIA

Tenía yo catorce años y los CD, los Compact Disc, se estaban empezando a vender como algo novedoso, como la revolución de la calidad sonora, los CD si no mal no recuerdo, trabajan entorno a 16 bits 700-900 Kbps. En los 80 y 90, la mayoría de la gente usaban cintas, cassettes de audio y la radio para la música, ya fueran nuevos o grabados de la radio o pirateados. Era la calidad que había, no estaba mal, la cinta trabaja a unos 100 o 128 Kbps, en el caso de la radio, a 80 Kbps más o menos. Sonido que oído a día de hoy es aceptable si no se busca la fidelidad. Luego había otra gente que usaba el vinilo, con equipos de mayor calidad, pero durante esas décadas, el vinilo (aunque nunca desapareció) fue algo apartado (de hecho hoy día tiene mayor seguidores).

Y entonces es cuando se lanzó al público el sistema de música por discos digitales por lectura óptica láser. El sistema me sigue pareciendo maravilloso. La primera vez que vi eso del CD fue en un libro de 1986 que mi padre trajo de París; dicho libro trataba sobre los inventos de ese año 86 y había un artículo dedicado al novedoso prototipo de los futuros discos digitales. Pero los CDs llegaron a la gente una década más tarde.

Recuerdo el cúmulo de coincidencias en días sucesivos: la peli de Amadeus, el cassette del Requiem, la casa de mi abuela y el anuncio en TV. Me explico cronológicamente: Aquella primavera contaba yo con 14 años y en casa de mi amiga María Teresa le dije que acababa de ver la película Amadeus (en VHS) y que me gustó mucho. Entonces su madre, Sevi, me prestó una cinta de cassette con el famoso Requiem KV626 de Mozart, recuerdo que me dijo «que no se te pierda«.

Al día siguiente, mis padres salieron de viaje y tuve que quedarme un par de días con mi abuela Amable. Así que me llevé mi mochila del colegio, el walkman y la cinta del Requiem de Mozart a casa de mi abuela. Por la noche, en un walkman, con auriculares, metido en una cama enorme que mi abuela no usaba (porque ella dormía en otra habitación normalmente), lo oí con atención y me encantó. Era la primera vez que escuché aquella obra. Pensé que debía copiarme la cinta.

Por la mañana, mientras desayunaba, en la pequeña tele que tenía mi abuela en la cocina, una Elbe de 14 pulgadas, salió el spot de unos fascículos de Mozart en los que se anunciaban los CDs y un librillo, no sé si semanal o mensual. Lo anunciaban en plan «ahora por primera vez en CD…» Era de Orbis Fabri y como siempre, para enganchar a la gente, el primer número era barato. En el primer fascículo venía el librillo y dos CDs: el Requiem KV626 y la Pequeña Serenata nocturna KV525. Yo pensé que aquello era ya el apoteosis musical, una calidad tremenda, digital, futurista, nuevo, sin tener que copiarme la cinta de mi amiga. Por cierto, fui a devolver la cinta a Sevi aquel mismo día y me dijo «¿te ha gustado? ¿te la has copiado?» Le respondí que me gustó tanto que me lo iba a comprar en CD y que se lo podría dejar aunque ellos tampoco tenían aún lector para CD.

La firma serigrafia de Mozart me encanta, son muy especiales estos CDs.
Ver el nombre de Karajan en el disco, es ya una garantía.

El caso es que me fui al kiosko con mis ahorros y me compré ese primer fascículo con los dos CDs; apostando por el futuro, fueron mis dos primeros CDs y de hecho fue la primera vez que compraba discos musicales. La época de las cintas de cassette la viví siendo niño, pero eran cintas de mis padres, de sus gustos y lo que ellos compraban. Con catorce años empezaba ya a tener mis gustos y mi criterio y los Compact Disc acababan de eclosionar.

NO TENÍA EQUIPO AÚN

La compra de los dos CDs de Mozart fue algo que medité bien porque aún no tenía reproductor para poderlos oir. No tenía ningún equipo de música ni discman para escucharlos. En mi casa aún no había llegado esa tecnología. Fue una compra de amor absoluto a Mozart y la música clásica, de fe en el futuro que estaba a punto de llegar porque estaba convencido que acabaría usando los CDs y que eran un salto de calidad.

Al comprar esos CDs convencí ese mismo año a mis padres, que mi regalo de navidad fuera un equipo con lector de CD. Y también hice bien en comprar los CDs así en oferta porque en los años noventa no se tenía acceso toda la música que te apeteciera, tenías lo que encontrabas en tiendas o en catálogos o lo que te dejaba un amigo; yo, como ya tenía esos dos discos de Mozart los oí muchas veces. Así que puede disfrutar de los dos CDs de Mozart unos site u ocho meses después de comprarlos en un kiosko en aquel lejano 1995.

Los discos sin un arañazo, en el reflejo, el DVD de Amadeus de mi estantería.
BIEN FABRICADOS

Ambos CDs se conservan en perfecto estado, como impolutos. En parte por haberlos cuidado bien y en parte porque son discos de buena calidad, bien fabricados. Es algo que he notado en estos años, los CDs de buena fabricación se han mantenido muy bien y los CDs de sellos extraños o de marcas baratas para grabar, se han desintegrado perdiendo sus pigmentos.

La grabación física está hecha (según pone en los discos) por Servicios Ibéricos Entertainment, que fue una empresa para Compact Disc desde 1989 hasta 1999 (que cambió de nombre). La distribución es de Orbis Fabri, que siempre hico publicaciones de calidad y el contenido del master viene de Deutsche Grammophon y de Polydor Hamburgo de 1987. Eso ya es un sello de calidad sonora genial, una grabación dirigida por el gran Von Karajan. Llegué a disfrutar (y a acostumbrarme tanto) con esta grabación, que cuando he escuchado otras no conducidas por Herbert Von Karajan, no me han atraído tanto.

Otra cosa que me gusta de esta colección es la firma de Mozart manuscrita que pusieron en la portada y en el disco, muy bien serigrafiado. La verdad que es una colección que sin ser íntegra (fueron 42 fascículos con 42 CDs) fue muy interesante.

ACTUALMENTE

En su día me hubiera encantado tener la colección completa de 42 CDs de Orbis pero no tenía ese presupuesto con aquella edad. Aunque en la navidad de 2013, Escarlata me regaló el Mozart Edition: Complete Works (170 CD Box), una caja con todas las obras. Y por otro lado, conseguí comprarme ¡los 42 fascículos de aquella colección de Orbis Fabri! Los vendía alguien en wallapop por 10 euros. Así que puedo ir leyendo sobre cada obra mientras oigo, complementando a lo que vienen en el Box, las letras, las biografías de algunos cantantes y los datos orquestales; en los fascículos viene todo más historiado en plan libro.

En fin, son pequeños detalles que me encantan, que me llenan de nostalgia y que aún disfruto sin importar la fecha. ¿Que está todo en internet? Sí, pero yo ya lo tengo en físico, a buena calidad, sin tener que buscarlo o pagar para oírlo y sobretodo, sin publicidad molesta. Pues nada, esta era la historia sobre mis dos primeros discos CDs, espero haber entretenido a alguien.

Por cierto, si os habéis fijado, he hecho un montón de fotos a los CDs para apreciar sus detalles desde varios ángulos, ¡casi una sesión de fotos detallada! y algunas me han quedado interesantes; con un estándar variable en Macro y con un 25 mm 1.7

Y por último, como después de leer este escrito lo mismo te han dado ganas de oír algo de Mozart, pongo un extracto de la película de Amadeus, así que ya sabes, tienes los CDs, la película, los mp3, los flac, la nube, el streaming de calidad, el streaming de Youtube, como tu quieras oírlo, pero disfruta de la música.

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